La innovación no se sostiene de ocurrencias
05/03/2012Agregar «La innovación no se sostiene de ocurrencias» a los favoritos
Columna de Josué Fumero donde se refiere a la necesidad de las empresas para encontrar el balance entre creatividad y la comercialización para desatar el poder de la innovación.
Hoy en día todas las empresas buscan un título. Desde la micro empresa que vende en una ventana a quien pasa por el frente de la calle, hasta la mega corporación que posee cuentas bancarias “con muchos ceros”. Todas quieren que se refieran a ellas como: innovadoras.
Innovación es una palabra de moda, y como tal, está sujeta a las interpretaciones de muchos y a la rectoría de pocos.
Para unos, una empresa innovadora es cualquiera que coloca una idea en el mercado. Para otros, es sólo aquella que genera utilidades resultado de esa novedad.
Recientemente, quedé cautivado con la forma de aclarar los “nublados” en torno al tema, que presentan los autores Davila, Epstein y Shelton (2006) en su libro “Making Innovation Work”.
Para ellos, estamos frente a una empresa innovadora sí y solo sí, esta ha encontrado el punto intermedio entre la creatividad y la comercialización.
La idea detrás de la tesis de Epstein et al. es que toda empresa cuenta con su propio modelo de negocios (la forma como genera utilidades), y la estrategia que siga, determinará los resultados que obtenga.
Una empresa primordialmente creativa valorará conceptos como: pensamiento “fuera de la caja”, experimentación, ambigüedad, intuición, generación de preguntas y visión prospectiva. Mientras que empresas tradicionales abrazarán conceptos como: pensamiento estructurado, precisión, seguridad, métodos, normas y dogmas.
Si una organización vuelca desmedidamente sus baterías hacia la búsqueda de la creatividad, perderá el enfoque de lo que la hace competitiva, reducirá su participación en el mercado y dejará de existir. Caso contrario, si invierte todos sus recursos en la comercialización de lo ya existente y no presenta nuevas propuestas a sus clientes, pronto se convertirá en una empresa fosilizada y estéril.
Hallar un balance entre ambos extremos es el comienzo para desatar el poder de la innovación. Pero, ¿cómo encontrar ese balance?
Según los autores, las empresas que desean asumir este reto deben enfocarse en lo siguiente:
Lanzarse a perseguir la innovación no es tarea fácil. El camino estará lleno de retos y desafíos para los cuales las respuestas no parecerán obvias. Evolucionar de una empresa tradicional a una innovadora implica, entre otras cosas, mudar el sistema de administración de uno autoritario a otro participativo.
En su libro “Managing Corporate Culture, Innovation and Intrepreneurship”, Oden (1997) nos ofrece simples muestras de lo que implica dar ese cambio:
Resulta entonces, evidente que una empresa innovadora no se construye de la noche a la mañana. Estrategia, visión, compromiso gerencial, empoderamiento y cultura son componentes indispensables para lograr equipos de trabajo motivados y capaces de “hacer malabares” de forma experta con todos los recursos, invirtiendo las cantidades justas en la creatividad y en la comercialización.
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