Expertos analizan el fenómeno:

¿Es caro innovar en Chile?

Aunque con matices, hay coincidencia entre los especialistas en que no avanzar en el camino de la innovación, a la larga, resulta más caro que hacerlo. Difícil disyuntiva en un ecosistema con una reconocida aversión al cambio y a buscar nuevos horizontes. Con todo, hay claridad en que, cada vez más, innovar se ha transformado en una necesidad. Imperiosa e ineludible.

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El estudio del grupo Intelis analizó el comportamiento de 5.000 empresas de diverso tamaño que decidieron innovar, las que registraron un crecimiento de 0,8% en la productividad al cabo de tres años.

Es común saber de ejecutivos que enfrentan la posibilidad de la innovación como algo lejano, porque lo encuentran “caro” y se trataría de un esfuerzo que a primera vista no entrega retornos inmediatos a la compañía. Sin embargo, los entendidos en la materia, coinciden en que llevar adelante iniciativas innovadoras, a la larga, tiende a traer dividendos positivos, ya sea en ganancia o en un aprendizaje que, mirado en el largo plazo, también constituye un capital.

Si se considera el caso de Chilectra, empresa que ahorró $ 900 millones de pesos gracias a su programa de intraemprendimiento, en el que 30 líderes internos en innovación desarrollaron diversos proyectos, toma fuerza trabajos como el desarrollado por el grupo Intelis que concluye que las empresas del sector manufacturero que hacen innovación suben en 0,8% la productividad. Dicho estudio, denominado, “Generación de empleo, tamaño de la empresa y la innovación en Chile” (Estudio en inglés – PDF), desarrollado por este grupo y apoyado por la Iniciativa Científica Milenio, entrega inéditos datos sobre el impacto de los nuevos desarrollos, procesos o productos que las compañías realizan para mejorar su productividad. El estudio analizó el comportamiento de 5.000 empresas del rubro de diverso tamaño, las que registraron dicho crecimiento  en la productividad en tres años. Cifra que genera un impacto positivo, no sólo desde el punto de vista de entregar mayor empleo, sino también de productividad. José Miguel Benavente, director del Centro de Productividad de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), cree que se trata de un muy buen dato porque, asegura, que no son pocos los que cuestionan las razones por las cuales innovar. “Gracias a este trabajo, podemos asegurar que innovar es rentable, aunque esos réditos no lleguen en un primer momento, sino que demoren un poco en aparecer”.

Explica Benavente que todavía para muchos la innovación es vista como una moda y que se trata de una materia que sólo le importa a una élite. No obstante ello, advierte el estudio que innovar genera efectos en el empleo. Explica que innovar puede relacionarse con sustituir máquinas por personas, lo que sería contradictorio con la generación de más empleos, si en un primer momento hay personas perdiendo sus puestos de trabajo. “Sin embargo, los resultados nos muestran que, si bien es cierto que en un comienzo se reemplazan trabajadores por máquinas, después la empresa se hacer productiva y competitiva, lo que le da la posibilidad de participar más en el mercado, por lo tanto, hay un efecto por el lado de la demanda, de manera que puede bajar los precios y vender más. “Lo que encontramos es que cuando se hace innovación de producto, se termina contratando más gente, que también es más calificada. El efecto neto es positivo. No hay evidencia que se genere menos empleo”, explica el académico.

Innovar también hace más productivo
El trabajo académico revela también que las empresas que innovan, tienden a aumentar su productividad, aunque con costos asociados. “Cuando se algo nuevo dentro de un sistema productivo, inevitablemente se genera una alteración y la productividad caerá en un primer momento, pero, al cabo de algún tiempo, que puede ser uno, dos o cinco años, está comprobado que la empresa se ubicará en un mejor lugar al que estaría si no se hubiesen introducido las innovaciones. Así, el trabajo encuentra que el retorno es el doble a haber seguido el camino clásico, sin generar innovación”, señala Benavente.

Desde otra óptica, Tadashi Takaoka, ex gerente del Club de Innovación, asegura que en los modelos de negocios uno asume que pueden funcionar, pero que no existe garantía de aquello. “No hay una receta para la innovación. Lo que sí se puede considerar es la existencia de ciertos pasos que a uno lo ayudan a controlar los riesgos”. Asegura también que las empresas que vayan a meterse en innovación deben ser conscientes que tienen que invertir recursos, lo que no significa lo mismo que gastarlos. “No quiere decir que vayan a perder ese dinero, pero sí tienen que tener claro que están frente a un proceso donde las certezas no existen y que el riesgo está siempre presente. De todos modos, el creador de Supermanket piensa que hay que entender que todo proceso de innovación puede resultar un poco caro en un principio, porque va a costar dinero llevar a cabo un modelo de negocio, salir a la calle con el producto y desarrollar algún tipo de prototipo. “Siempre hay que probar y ver si resulta. Y si no es así, no está todo perdido porque quiere decir que estamos frente a una inversión que puede dejar lecciones para futuro”.

Asegura también Takaoka que en un principio innovar resulta más caro que desarrollar el negocio de forma tradicional, en el que los ejecutivos saben lo que tienen que hacer, con los costos muy controlados, a diferencia de un proyecto innovador. Lo que lo lleva a preguntarse si es más barato desarrollar un negocio tradicional que uno innovador. Y cree que sí, aunque debe considerarse también que cuando uno arriesga innovando y le va bien, la ganancia es mucho mayor que haberse quedado sin atreverse a desarrollar ideas nuevas. “Esto es tan simple como que para dar saltos importantes hay que atreverse a cruzar el río”, dice.

Empresas innovadoras exitosas
No sólo Chilectra se ha aventurado exitosamente en el mundo de la innovación. La empresa Masisa, dedicada al negocio de los muebles de madera, registró utilidades netas de US$ 13,8 millones el año pasado gracias a sus iniciativas innovadoras. Lo que se suma al hecho que el 20% de sus utilidades anuales respondan a productos lanzados en los tres últimos años, cuya gestación se basó en la innovación. Todo en un contexto en que la compañía promueve el intraemprendimiento al interior de la misma, lo que se traduce en el desarrollo simultáneo de 26 proyectos de innovación en las oficinas con que cuenta la firma en América Latina. Y que como guinda de la torta tiene la creación de un centro de innovación en Santiago, que a mediados de mayo debiera estar funcionando. La idea es contar con un ambiente físico y con personas dedicadas a la innovación y a generar vínculos con otras organizaciones.

Mismo objetivo trazado por Chilectra que, para mejorar sus servicios y fomentar la eficiencia de recursos, creó el grupo “Líderes de Innovación”, integrado por trabajadores que impulsan y ejecutan diversos proyectos de innovación, gracias a los cuales, el año pasado ahorraron 900 millones de pesos. Esta compañía cuenta con 30 de estos líderes, los que se encargan de recibir y seleccionar los proyectos e ideas, transformarlas en propuesta de valor y presentarlas al Comité de Innovación, compuesto por los principales gerentes, quienes tienen la última palabra y deciden cuán viables o rentables son.

Resultados que demuestran las palabras de Takaoka, cuando dice que “la innovación es una necesidad, que si no se lleva a cabo, después de paga más caro que llevar adelante el negocio de manera convencional, sin arriesgar”. Asimismo, explica que, a la hora de emprender en alguna iniciativa innovadora, hay que tener cuidado de no arriesgar todo el capital en un solo proyecto e ir tanteando el terreno y ver si hay mercado para el negocio, de manera de realizar una inversión inteligente. Consideración que, al parecer, es el que han tenido las empresas incluidas en el estudio del grupo Intelis, de las cuales más del 53% se enfoca en nuevos productos y casi el 4% en procesos. Resultados que Benavente cree se deben a que aún se ve con reticencia llevar a cabo cambios tecnológicos, porque tienden a ser relacionados con el reemplazo de la mano de obra existente. Y tal, como lo afirma Takaoka que las empresas que innovan y les va bien, tienen ganancias por sobre aquellas que no hicieron este camino, el estudio del grupo de expertos estima que la innovación tiene un impacto directo en las ventas, al crecer éstas a una tasa de entre 7% y 8% en comparación con las otras, que sólo presentan un promedio de crecimiento del 3%.

Todo indica que no hay por donde perderse y que el camino de la innovación sólo puede traer buenos dividendos.

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