Tres alumnos cuentan su experiencias:

Los beneficios de estudiar un postgrado en innovación

Cada historia es única y las motivaciones para desarrollar este tipo de cursos son variadas. Pero en común hay un punto que se relaciona con la necesidad de reimpulsar carreras profesionales, actualizar conocimientos o emprender. Acá presentamos tres casos de profesionales que no se conformaron con lo que tenían y fueron por más.

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Reynaldo Cabezas: "Creo que interiorizarme sobre lo que realmente significa la innovación es el hito bisagra en mi vida, la que puedo dividir en antes y después del master".

En los últimos años han proliferado una serie de máster, magíster y cursos relacionados con innovación. Cada uno de ellos con sus propios objetivos específicos y materias de interés, en las que profesionales encontraron una buena manera de reinventarse o, simplemente, adquirir nuevas herramientas.

Cansado de seguir el clásico camino que le deparaba su título de ingeniero civil industrial, con un trabajo estable, pero sin desafíos mayormente inspiradores, Martín Volante decidió que era tiempo de darle un giro a su vida. Para eso, pensó que tenía que estudiar algo interesante, que lo sedujera y le ofreciera las destrezas para emprender. “Lo natural para mí era hacer un MBA, pero sentí que era como volver a estudiar lo mismo y ya tenía ese training. La gracia del master en Innovación en la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) es que mezcla negocios con tecnología, además de incorporar un área como el diseño, que tiene que ver con crear productos o servicios orientados a las necesidades de las personas”, destaca Martín.

Impresión parecida a la que tuvo Karina Durney, quien desarrolló el curso, el que según ella “le revolvió las neuronas y cambió su estilo de observar y pensar la vida”. Revela que cursarlo tuvo la feliz consecuencia de enseñarle la importancia de empatizar con la gente, para descubrir las verdaderas necesidades de ellos, más allá de las creencias que se pudieran tener de forma previa.

 En la misma línea, Reynaldo Cabezas, que formó parte de la primera generación del master en la UAI y que con anterioridad había trabajado en el sector bancario, donde era gerente de desarrollo, explica que una de las principales enseñanzas es que la innovación no se relaciona con saber sobre nuevas tecnologías, sino que con la creación y el aporte de valor de los procesos. Además, cuenta que grande fue su sorpresa cuando vio que la gran mayoría de profesores no eran ingenieros como lo esperaba, sino que psicólogos y otros provenientes de las denominadas disciplinas “blandas”.

Hito en su vida

Como uno de los hechos más importante de su vida califica Reynaldo su pasos por las aulas aprendiendo sobre innovación. “Sin exagerar, creo que interiorizarme sobre lo que realmente significa es el hito bisagra en mi vida, la que puedo dividir en antes y después del master. Y así se lo cuento a todos los que quieran oírme”. Asegura que la importancia del curso radica en entender, entre otras cosas, que el mundo corporativo de donde venía, no guardaba ninguna relación con el modelo de innovación, que terminará predominando en el mediano plazo, en el que destacan formas de trabajo más colaborativas, centradas en las personas y enfocadas en crear propuestas de valor. “Todo, muy lejos de lo que conocí ámbito bancario”, señala. En suma, un cúmulo de herramientas que le permitieron trabajar de modo independiente y abrir una empresa consultora de innovación.

A su vez, Martín Volante, quien buscó una serie de opciones académicas antes de llegar al master de la UAI, no quería seguir en lo mismo y por suerte para él, encontró este curso de postgrado que le “abrió nuevos horizontes”. Cuenta que aunque bien exigente, lo pudo llevar de buena manera gracias al apoyo de la empresa donde y trabaja y de su familia, que lo apoyó en todo momento. Al igual que Reynaldo, Martín estima como trascendental el paso por el master porque le cambió la perspectiva de ver las cosas. “Aprendí que la innovación no se trata sólo de tener buenas ideas, porque requiere del desarrollo de procesos y la generación de buenos negocios. Ni tampoco de llevar adelante meras ideas, que a final de cuentas, son sólo ejercicios. Lo central es la búsqueda de valor a esas ideas. Ahí está la diferencia. Veo que buenas ideas hay muchas, pero que no se traducen en algo concreto”.

Karina Durney

Relacionado con las ideas, Karina cuenta que aprendió que todas ellas merecen ser oídas por más descabelladas que parezcan en un comienzo. “A todas las que me llegan, les doy una oportunidad, porque siempre puede haber posibilidades de éxito”, explica ella, que ahora se encuentra haciendo la tesis y que durante el periodo que duraron sus clases en el master, se dio el tiempo para conocer Silicon Valley, cuna de grandes compañías tecnológicas, como Facebook, Google, además de la Universidad de Stanford, lugares en los que según ella se dio cuenta que sí hay espacio para personas con “ideas locas que las comparten entre si, con un espíritu colaborador y altura de miras”. Como cuenta Karina, todo un entorno que permita romper ortodoxias.

Queda claro que, independiente del curso que se lleve a cabo, las herramientas que entregan estos posgrados constituyen un pilar fundamental para promover la innovación y el emprendimiento.

 

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